Cada vez más me gusta cocinar, y como cualquier cocinero de valor es normal quemarse las manos de vez en cuando. Pero aquel día me dolía y en el intento de sanar mi sufrimiento pregunté a Giulia si tenía alguna pomada para quemaduras. En seguida, fui a mirar en la cajita de primeros auxilios a ver si encontraba algo, pero nada. Incluso, me acordé de una publicidad que había visto anunciando la mejor de las pomadas para quemaduras con efectos milagrosos, y contemplaba la opción de ir a una farmacia para comprar algo semejante. Fue cuando mi limpiadora en casa me dijo: – Flota la mano con el pelo donde te ha quemado y te pasará en seguida.
Por considerarme una persona de mente abierta y dispuesta a probar nuevos métodos, por más extraños que parezcan, decidí probar y floté la mano con mi pelo durante algunos segundos. Y adivina… ¡Aquello ha funcionado de maravilla! Era un descubrimiento y una sorpresa para mí. Se trataba de una solución tan poco convencional que hizo mi mente racional automáticamente comenzar a preguntarse cómo aquello era posible. Por un instante pensé, ¿podría ser por la oleosidad del cabello o algún efecto de la energía impregnada en el pelo? Ni idea! El hecho de que había solucionado mi problema no justificaba continuar alimentando este raciocinio. Hay aquellos quienen siempre quieren saber los porqués, como ciertos amigos míos. Son curiosos y se interesan por saber cómo funciona todo científicamente. Seguro que ellos seguirían hasta encontrar la respuesta. Pero en mi caso, ya estaba satisfecho con el apaciguar de mi dolor.
Otra anécdota curiosa fue cuando entró agua en mi reloj, un Tag Heuher, regalo de mi familia. Había una relojería recién abierta justo al lado de mi trabajo, y decidí consultar un profesional para solucionar el problema, pues al final era un buen reloj y quería tenerlo funcionando correctamente. Trás dejarlo para inspección un par de días, volvía a la tienda por el veredicto. Un hombre maduro, canoso y con pinta de ser el encargado del lugar me dijo que debería cambiar el mecanismo porque el agua lo había comprometido. En seguida, me pasó el coste del servicio: 275 euros. Hice algunas preguntas más, agradecí la atención y me marché, pues necesitaba pensar antes de invertir esa pasta.
Aquel día decidí utilizar métodos más caseros que conocía, sería un último intento antes de disponer de tal dinero para el arreglo. Primero, con un secador de pelo, le di intensamente por la apertura del ajuste de la hora del reloj. En seguida, lo sumergí en una bolsa de arroz de 1kg y lo dejé ahí por unos 3 días. Antes, ya había salvado algunos móviles de esta manera y confiaba que podría funcionar, sabía que el arroz chupa el agua de las cosas de alguna manera.

Al cabo de esos 3 días, al emerger mi reloj de las profundidades del arroz, ¡abracadabra!… Estaba sin agua y funcionando perfectamente.
Ya comí todo ese arroz, se pasaron casi un año y el reloj está como nuevo. Tras unos meses pensé en volver a la tienda y contarle al señor que el mecanismo no estaba comprometido y como lo había arreglado. A lo mejor advertiría a un eventual impostor que no me dejaría manipular o engañar. Pero luego concluí que no cambiaría nada, y al final retorné ahí.
Podríamos seguir contando miles de caso como esos, de soluciones primitivas que la ciencia aún desconsidera o simplemente prefiere no divulgar. Al final, si todos usasen métodos sencillos y caseros tal como hice yo, que serían de las farmacias y de las tiendas reparadoras de móviles o relojes. Si tomamos el ejemplo de la industria farmacéutica estaremos hablando de un negocio que mueve miles de millones al año. Así que nadie necesita saber que el ajo y el limón son buenos antiinflamatorios y hace milagros potenciando el sistema inmunológico. Y que una bolsa de arroz puede salvar tu móvil o tu reloj.

Cuando era niño, miré la película Rocky IV, en la cual su contrincante era Iván Drago, un atleta ruso de élite mucho más alto, fuerte y mejor preparado que Rocky Balboa. En el combate final este último busca refugio en las montañas heladas para entrenar con troncos, nieve y hachas, mientras el gigante ruso se queda con su equipo técnico y la tecnología de última generación en Moscú. ¿Quién piensas que has ganado el combate? Bueno, ¡imagino que ya lo sabes verdad!?… Es obvio que es solo una película, pero también nos deja un mensaje. No siempre la ciencia y la tecnología representan el Santo Grial y la solución para nuestros problemas.
¿En que se basan entonces esas filosofías tan antiguas y respetadas nacidas hace miles de años, bastante anteriores a los primeros ensayos de lo que más tarde convenimos llamar ciencia?
Fueron y son métodos basados en la práctica, o sea en la experimentación. Todo el fundamento de las técnicas más antiguas es empírico. Justamente porque no tenía la ciencia preestablecida como la base del conocimiento. Lo que funcionaba se cultivaba y enseñaba, lo que resultaba inocuo o peligroso se excluía, tal como yo probé rascar la mano quemada en mi pelo. Todo lo que enseño funciona sin la necesidad de una explicación científica, pues la persona nota en su vida real los resultados, y estos hablan por sí mismos.
Así siendo, el porqué se vuelve perfectamente secundario. Las pruebas científicas a posteriori pueden ser útiles para dar más credibilidad, conseguir reportajes y para mayor convencimiento de los incrédulos en una cultura tan conservadora y racional como la nuestra.
La teoria en cuando todo se explica y nada funciona, mientras la práctica es cuando todo funciona pero nada se explica.

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