Una breve reflexión sobre la inteligencia humana y su ignorancia.
Para contestar tal pregunta antes es necesario definir que sería inteligencia. El ser humano siempre se auto proclamó “ser inteligente” para diferenciarse de las demás especies. En su lógica el hombre siempre se sintió más cómodo pensando que su raza estaría por encima de las demás, y así, encontró la excusa para esclavizar y explotar todas las otras a su servicio o en forma de alimento.
Para justificarlo hemos escuchado argumentos que actualmente ya no se sostienen, como por ejemplo: nosotros humanos somos los únicos dotados de emociones y sentimientos, mientras que los animales actúan por instinto; o entonces, el hombre es la única especie capaz de imaginarse cosas o soñar mientras duerme; o, por último, el ser humano se difiere de los animales porque es capaz de solucionar problemas complejos con su inteligencia.

¿Cuando miras a tu perro o a tu gato realmente ves a un ser insensible , desproveído de emociones y sentimientos? ¿Cómo sabes que un elefante o una gallina no sueña? ¿Por qué piensas que no son capaces de solucionar problemas complejos? ¿Ya paraste para observar los animales con calma? En algunas religiones hasta se dijo que los animales no poseían alma. Me pregunto, ¿de dónde se saca tal conclusión? ¿Por qué un perro no puede tener un alma y un correspondiente cielo para perros? Nuestra mentalidad poco ha evolucionado desde que la iglesia condenó Galileo por herejía, pero todavía nos consideramos una especie “inteligente”.
Mi pregunta es… ¿cuánta ignorancia aún queda dentro de esa supuesta inteligencia humana?
Cuando observamos a un animal atentamente llegamos a la conclusión que sí, piensa, se comunica, tiene recuerdos y sentimientos. Además, los animales poseen incontables habilidades que están lejos de nuestras posibilidades y hasta de nuestra comprensión. ¿Será que somos tan estúpidos para no percibir que las ballenas no chillan por chillar? ¿Será que nuestros antepasados se creían la única especie capaz de comunicarse? Si consideramos la inteligencia como la capacidad de solucionar un problema de supervivencia, aunque los animales actuasen solo por instinto, ya podrían ser considerados seres inteligentes.
El presumido mono sin pelos se auto clasifica “inteligente” bajo la percepción de que reflexiona, imagina, sueña, y elabora pensamientos abstractos lo suficientes para plantearse cuestiones inútiles como por ejemplo:¿de dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos? o ¿cuál es el sentido de la vida?

Para definir mejor la idea de inteligencia Antonio Damaso en su libro Sentir y Saber clasifica dos tipos de inteligencia en la naturaleza: implícita y explícita. Donde la primera es oculta, natural, espontánea; y la segunda es sofisticada, intencionada, razonadora. Según el neurocientífico, las bacterias disponen sólo del primer tipo de inteligencia y los seres humanos de ambos tipos.
Según Damasio, para considerar un ser inteligente este debe actuar solucionando problemas relacionados con su supervivencia. Así consideramos que las plantas son seres inteligentes, así como los insectos, las bacterias, las células, y en última instancia hasta las moléculas. Pues una molécula es un sistema de fuerzas ordenado entre protones, neutrones y electrones que mantienen su estructura evitando deshacerse.
La sociedad y la industria, sin darse cuenta, expandieron el uso del término para otras áreas cuando dicen: este coche es inteligente, aparca solo; este tejido es inteligente, controla la temperatura corporal sin afectar la transpiración, esta casa es inteligente, ahorra apagando las luces cuando no hay nadie; así como muchos otros ejemplos que podríamos acordarnos. Me atrevería a decir que hasta el fuego, el viento y las mareas poseen su inteligencia.
Está claro que podemos considerar el ser humano como inteligente, así como un equipo de fútbol, compuesta por varias personas, también posee su dinámica y comportamiento propio. Consideraríamos así a todas las agrupaciones humanas de las organizaciones o de los equipos deportivos como organismos “vivos” e inteligentes. Todos ellos, son ejemplos de sistemas que solucionan problemas en búsqueda de su auto preservación.
Pero poco vale la comprensión del tipo de inteligencia disponible en cada parte del universo, si mi ignorancia me impide ver como mi perro se parece conmigo, como siente miedo, amor, deseo, frustración, a pesar de no poder escribir una nota igual a su humano. Sí, tu perro te ama, no como tu pareja amaría a ti, sino diferente, amor de perro, que tú nunca entenderás, pero te ama.
Sin duda estamos muy lejos de desvendar los funcionamientos de nuestro universo interior para considerarnos dueños de la verdad. Somos una especie en pañales, porque mientras el cocodrilo existe desde hace 340 millones de años, nosotros (Homo sapiens) solo desde hace 300 mil años. Es verdad que nos sentimos los dueños del planeta y nos creemos los seres más inteligentes porque algunos han enviado un cohete a la luna. Y nuestro sofisticado ego nos empuja hacia innúmeros equívocos que la ciencia, año tras años, no obliga a actualizarnos con nuevas verdades.

Uno de los principios científicos fundamentales nos dice que algo para ser considerado verdadero tiene que ser demostrado. Por consiguiente, se concluye que toda suposición o idea que todavía no ha sido comprobada no podrá ser considerada válida. Por ejemplo, la ciencia actual no puede afirmar que haya vida después de la muerte, pero tampoco puede afirmar que no haya. Solo creemos en lo podemos ver en el microscopio o en otro artefacto tecnológico que hemos inventado, como un niño que solo cree en lo que ve, y cuando su madre se va, piensa que nunca más volverá.
¿Qué pensaremos de las cosas invisibles, imposibles de captar con los recursos actuales?
Concluyo que ser “inteligente” es básicamente la capacidad de reaccionar a estímulos a través de nuestra sensibilidad basada en nuestro impulso de vida natural. Coincido con Damasio en su libro cuando dice que sentir es saber, pues cuándo sientes algo es porque sabes de algo. Al final, cuando sientes frío o deseas algo estás usando la inteligencia sensorial de tu cuerpo en pro de tu bienestar y supervivencia.
Un sentimiento lleva incrustada su propia inteligencia innata, pues nunca es falso. Es el resultado de la manera como reaccionamos a través de nuestra percepción ante un estímulo en una determinada condición y un momento específico. Y todo y cualquier cosa que reacciona ante cualquier estímulo o evento, lo hace por algún motivo. Concluimos que a ese concepto reactivo tan básico podríamos llamarlo de inteligencia.
De manera que el ser humano deportista, así como cualquier animal o bacteria, reacciona ante los estímulos, sean internos como externos, usando su inteligencia.

Deja una respuesta