LA CIENCIA DE LA MEDITACIÓN

Ese era el título de un libro que no he leído. Acepté el regalo de mi padre con agrado, pero confieso que al mirar su portada me generó extrañeza. Luego, al hojearlo un poco, tampoco me convencieron algunos argumentos utilizados. Lo tengo aquí en casa, en la estantería de aderezo, aún sin saber qué uso darle. La cuestión es que la meditación no tiene nada que ver con la ciencia, y te voy a explicar los porqués.

La meditación existe desde hace por lo menos 7 mil años y la ciencia desde hace unos 500 años, una pequeña diferencia de unos 6 mil quinientos años. O sea, la meditación en todo este tiempo nunca necesitó de la ciencia para ser practicada y menos aún para ser validada. Es solamente ahora, miles de años más tarde, que la ciencia, aún en pañales, intenta explicar cómo funciona la meditación. ¿Pero era realmente necesario? ¿O tendría sentido únicamente para saciar la infinita curiosidad humana? ¿Quizás para que los más escépticos justifiquen la utilidad de practicar tal disciplina y así puedan confiar? Sin embargo, la ciencia todavía está lejos de desvelar el proceso interno del meditante. Tal como definió el Dr. Jou Eeel Jia en uno de sus libros:

“Homo sapiens, criatura eternamente atormentada por el intento de entender su propia naturaleza”.

La ciencia siempre ha intentado explicar todo a su alrededor a partir de sus bases lógicas, fundamentando en comprobaciones empíricas resultantes de los llamados “estudios científicos”. Cualquier cosa que se pueda comprobar a través de experimentación científica se divulga como algo real y creíble, únicamente porque fue comprobado bajo sus principios. Es natural que los educadores de nuestra sociedad occidental y, sobre todo, los amantes del método científico tomen la ciencia como sinónimo de “la verdad”. Por otro lado, se olvidan del pasado, de todas las veces que la ciencia se equivocó y tuvo que rectificar las verdades antes enunciadas con sus nuevos descubrimientos.

Ciencia de la meditación

Hoy en día, todavía seguimos sin poder explicar un sinnúmero de fenómenos de nuestra existencia, como por ejemplo: la infinitud del universo, la dimensión del tiempo, la vida después de la muerte, el poder mediúmnico, las coincidencias, la intuición, entre otros. Dichos fenómenos naturales, aún sin explicación científica, son de conocimiento público y en su mayoría su existencia es imposible de negar. ¿Cómo puede la ciencia explicar el concepto de que el universo es infinito? Una idea que por sí sola desmonta cualquier intento de explicación, ¿verdad?

¿Por qué nos obsesionamos con la explicación lógica de todos los fenómenos? ¿De dónde viene nuestro deseo por controlar la vida?

Ante nuestra demanda por entender, arrojemos un poco de luz sobre el tema de la meditación. Se trata de una técnica activa, con un procedimiento determinado, instrucciones claras para lograr sus objetivos. Es una práctica con el objetivo de conducir la consciencia a un estado más expandido, dicho de otra manera, más lúcido. Al entrar en estado de meditación es como si hubieses subido a lo alto de una montaña y ahora puedes ver más lejos, y así disponer de más información, por lo tanto, saber más.

Con la consciencia expandida, la percepción del tiempo aumenta; uno experimenta bastante en poco tiempo. Por lo tanto, al entrenar la meditación, si en lugar de lo comentado no percibes el tiempo pasar, será una señal de que estás en el camino equivocado. Cuando una persona declara que estaba meditando durante una hora, significa únicamente que estaba haciendo un entrenamiento para la meditación, pero no que estuvo los 60 minutos en el estado de meditación. El objetivo de la meditación se puede lograr en un período de 5 segundos, por ejemplo.

Pero atención, desde el punto de vista de la ciencia, encontramos como su principio fundamental la razón. Toda la experimentación científica se encuentra basada en la razón como su pilar fundamental. Y la lógica, siempre ha guiado todos sus esfuerzos, pues la considera como el único camino hacia la verdad de las cosas y fenómenos. Sin embargo, la meditación utiliza un vehículo que está más allá de la razón para producir la expansión de la consciencia: la intuición. Lo que sería suficiente para dar un nudo en la mente de muchos científicos, ya que siempre han confiado en la razón como la herramienta más sabia disponible y que está por encima de todo. Aquí se encuentra otra prueba más de lo poco que la ciencia combina con la meditación.

¿Al final, la intuición existe? ¿Y qué es realmente?

Hoy en día está prácticamente aceptado el evento interno de la intuición. La gran mayoría de nosotros ya ha escuchado esa voz interna que nos hablaba de vez en cuando a lo largo de nuestras vidas. O aquellos momentos en que ya sabíamos la respuesta a alguna cuestión, aunque no sabíamos cómo lo sabíamos. Se dice que muchos descubrimientos científicos fueron resultado de arduos trabajos empíricos para comprobar lo que un científico de mucho talento ya sabía de manera intuitiva. En muchas acciones deportivas, el atleta no dispone de tiempo suficiente para realizar pensamientos y tiene que reaccionar siguiendo su intuición, que es mucho más rápida.

La intuición sería el resultado del intercambio de las informaciones disponibles en nuestra mente sin la interferencia de los pensamientos. Para la intuición, tener que pensar se supone algo rudimentario y lento. Acceder a la intuición sería como acceder al conocimiento de manera más directa, sin esperar la maquinaria del pensamiento lógico: A + B = C. Un buen ejemplo para su entendimiento es ver cómo usamos las tablas de multiplicar. La intuición sería cuando ya has memorizado las respuestas directamente, mientras que el pensamiento sería hacer las cuentas a través de los métodos matemáticos para llegar a una respuesta. Con la diferencia de que en la segunda alternativa te puedes confundir y equivocar.

Las técnicas de meditación se practican desde la era protohistórica en la India, y desde hace mucho tiempo en los monasterios budistas, en escuelas de Kung-fu y Karate, en las escuelas de Yôga, o centros de meditación. Cabe destacar que cada una de estas filosofías posee sus ejercicios de meditación específicos con características y métodos diferentes entre sí. Cuando miramos de lejos podemos pensar que todo es igual bajo la etiqueta de “meditación”, pero al acercarnos se ven sus diferencias. 

Dentro de las distintas escuelas filosóficas la meditación, siempre se validó por los efectos sentidos por quienes la practicaban. Este empirismo antiguo y natural fue lo que llevó a la continuidad de la práctica de la meditación hasta los tiempos actuales, enseñada de maestro a discípulo. Desde su nacimiento milenario, sus practicantes nunca se preocuparon por saber los porqués, es decir, por qué motivo la meditación produce sus efectos. Era suficiente con saber que si era practicada correctamente iba a lograrlos.

La ciencia de la meditación

Y justamente porque Oriente no es Occidente, nunca se preocuparon de listar los efectos del entrenamiento de meditación, como solemos hacerlo aquí. En cada una de estas filosofías se sabía de la importancia de la meditación por su capacidad de potenciar nuestra mente en muchos aspectos. Entre ellos, aumentar la concentración, apoyar la estabilidad emocional y, sobre todo, desarrollar la intuición, tal como hemos comentado. En relación con este último, no es inmediata, sino que suele aflorar más a largo plazo. La intuición es la mejor herramienta para el proceso de toma de decisión, y por eso su aplicación en el deporte es muy útil para aumentar el rendimiento.

Parece que no bastaría con que los científicos responsables de las investigaciones entrenaran en meditación para comprobar con sus propias sensaciones internas los efectos de la misma. Para la ciencia, el cerebro del meditante tiene que ser medido con electrodos para comprobar el cambio de la electricidad resultante del cambio de sus ondas mentales. Así, solamente así, con el dato en la pantalla resultante de la lectura de algún aparato, se pudiese finalmente intentar llegar a alguna conclusión para ser compartida como la más nueva verdad.

En la época actual hemos observado un surgimiento de diferentes terminologías aplicadas alrededor del tema sin mucho criterio. Tal hecho podría aumentar la confusión del público lego, pero no en ti, que ya saldrás informado al leer este texto. Por ejemplo, está de moda hablar del Mindfulness, que sería únicamente la etapa inicial del entrenamiento de meditación: la concentración. La atención plena, como lo llaman, se trata de estar concentrado en el aquí y ahora, evitando cualquier dispersión ajena. También está de moda la meditación guiada, que no es más que un ejercicio de relajación donde el profesor te va conduciendo, y por lo tanto tienes que estar concentrado en lo que dice. Y el término meditación dinámica, que algunos están utilizando para concentrarse mientras bailan o mueven el cuerpo.

Durante la meditación no se debería hablar, pues se hace en silencio para que el meditante se concentre en el objeto de concentración.

Mientras escribía este texto, he vuelto a examinar el libro «La ciencia de la meditación». Veo que el autor busca destacar los beneficios de la meditación, una visión típicamente occidental. Nuestra sociedad utilitaria y consumista suele ver las cosas nuevas siempre como un producto. Como si dijera: ¡Solo voy a consumir esta novedad si me trae algún beneficio! Este enfoque basado en beneficios se dirige a un público que obviamente los necesita o busca. En este caso, intentan salir de una condición inferior de salud para retomar una condición normal.

Sin embargo, si gozas de buena salud, no sufres de enfermedades, no vives bajo el estrés, etc., es probable que desees cosas distintas. Por ejemplo, potenciar tus capacidades, luchar mejor o ser más feliz. Desde sus orígenes, la meditación nunca estuvo destinada a quienes buscan reducir el insomnio, bajar el estrés, acabar con la depresión, sino al público sano deseoso por expandir la consciencia para rendir más. Vemos aquí cómo este enfoque distorsionado del occidente hacia la meditación generó otra confusión más.

El oriente no tiene problema de tiempo, no vive con prisa, no busca el elixir de la vida eterna, no procura saber todo sobre todo o ser los dueños de la verdad. El estilo oriental de vivir siempre ha estado más conectado con el sentir y confiar; allí reside su saber. En este lado de la Tierra, la experimentación a través del sujeto existió mucho antes que la experimentación con cacharros tecnológicos. La ciencia de la meditación comienza cuando se entiende que la meditación no necesita de la ciencia para funcionar o mostrar su valor.

Una respuesta a «LA CIENCIA DE LA MEDITACIÓN»

  1. […] Todo lo que deberías saber sobre el arte milenario de la meditación. […]

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