Sobre la relación oculta entre la belleza y la efectividad en los deportes.
¿Acompaña a los grandes campeones una bonita estética en su ejecución deportiva? Si encontrase a Ashleigh Barty en la cola del super sin conocerla, jamás supondría ser una campeona de tenis. Igual a su ejemplo habrá miles de deportistas cuya ejecución deportiva o el propio cuerpo está lejos de ser apreciado por su estética. Representan casos reales donde la ausencia de belleza no ha comprometido el alcance de grandes logros.
¿Pero cuál es la verdadera importancia del aspecto estético en los movimientos del deportista?
En el golf, un deporte hermoso por su propia naturaleza, alcanzar un buen nivel implica conquistar una buena estética en su movimiento básico: el swing. Realmente se aprecia mucho cuando sale fluido y elegante, con un bonito finish, como el de Rory McIlroy, como si fuera una postura elegante de un ballet con palos o un golpe de un espachin. Hasta que nos deparamos con swings feos, aunque sean realmente efectivos a la vez, y nos quedamos confundidos. Sería el caso de Jon Rahm, el golfista español mejor colocado actualmente con un swing bastante recortado. O a Brayson DeChambeau que impresiona a todo el metier por la tremenda potencia alcanzada en sus golpes a través de un movimiento un poco tosco. A pesar de ser clasificados como swings feos o raros, lo que importa en ese deporte es meter la pelotita en el hoyo con el menor número de golpes, sean como sean. Quizás Jon o Brason ignoren la supuesta necesidad de embellecer su movimiento justamente porque están triunfando en la élite mundial del golf, de manera que nadie se atrevería a decirles para cambiar ese swing.

En el fútbol se eterniza el debate si la mejor estrategia es jugar con toques envolviendo el adversario y construyendo bonitas jugadas o ser táctico, romper el rival y truncar el partido a tu favor sin pensar en la belleza del juego. Estoy seguro que a nadie le gustó el anti-juego presentado por Países Bajos en la final del mundial de 2010, pero todos se acuerdan del bonito gol de bote pronto de Iniesta que incendió toda una nación. Aunque el mejor estilo de juego está por revelarse, sería imposible no reconocer la huella positiva dejada por Johan Cruyff al introducir en el Barça un estilo de posesión y toque del balón estéticamente muy agradable. Y qué decir del Brasil de 70 de Jairzinho, Tostão, Pele, Rivelino, Garrincha, con su espontanea elegancia, agilidad y alegría, el famoso «jogo bonito». Cuando pensamos en fútbol serán siempre las jugadas o goles más bonitos que quedan en nuestra memoria. ¿Sería una tendencia natural de nuestra mente programada para buscar lo bello en todas las cosas?
Después de una temporada muy disputada y emocionante en Fórmula 1, la escudería Mercedes prueba este año un monoplaza con aspecto raro, para no decir feo. Parte del discurso que justificaba el lanzamiento de su extraño coche, al cual su mayor rival, los Red Bull, calificaron como un coche que iba en contra el espíritu del nuevo reglamento, era mostrar al mundo que ni siempre un aspecto antiestético es sinónimo de bajo rendimiento. Estamos ya en la séptima carrera de la temporada y su coche sigue sin destacar, quedando en la parte media de la parrilla, mientras que antes eran muy rápidos y estaban siempre entre los primeros, pues contaban con el mayor presupuesto entre las escuderías. Por otro lado, la Ferrari, el coche con mejor rendimiento este año hasta entonces, reluce una estética muy atractiva, provocando así, aprecio en todos los aficionados de Fórmula 1. Sorpreende el posicionamiento de los expertos ingenieros de Mercedes, al diseñar un coche totalmente distinto de los demás, prácticamente sin pontones, como un intento de crear un gran diferencial competitivo hacia los demás. Los mismos fueron elogiados por usar la creatividad, pero quizás les haya faltado cierto grado de humildad para aceptar que los principios aerodinámicos básicos en los coches F1 ya estaban cimentados desde hace décadas. Para volver a producir máquinas que sean rápidas, y a la vez no hieran nuestro sentido de estética tendrán que estudiar mejor la relación entre ésta y la aerodinámica.

Es interesante observar cómo en algunos deportes con un alto componente artístico se introdujeron formas de puntuar aspectos puramente estéticos o relativos a la creatividad en su ejecución. En esos casos, los jueces evalúan y puntúan esos aspectos en la performance del atleta, como es el caso del patinaje sobre hielo, el nado sincronizado, la gimnasia olímpica, entre otros. El cambio se introdujo cuando algunos lograban puntuaciones bastante elevadas por la dificultad de sus secuencias sin cuidar mucho del aspecto estético. Los expertos y jueces notaron ahí que algo se estaba desvirtuando. Pues en esos deportes que son también un tipo de danza, caso la belleza dejase de ser valorada parte de su esencia se estaría perdiendo. También era una manera de evitar que la competición se volviera una prueba para ver unicamente quién logra los giros más altos o más complicados. Hoy en día, además de la dificultad de su ejecución se evalúan otros aspectos como innovación, creatividad, originalidad, armonía y plasticidad del movimiento. Sin embargo son elementos muy subjetivos, y por lo tanto difíciles de lograr un sentido común. Como consecuencia de ello hay mucha gente en desacuerdo con las notas de los jueces actualmente en la gimnasia olímpica por ejemplo.
Pero aclaremos, en la mayoría de los deportes, la estética no cuenta cómo una ventaja directa. Lo que vence es siempre hacer puntos o goles, alcanzar determinada altura, distancia o tiempo, derrotar los adversarios, sin que refleje en el resultado la hermosura de sus performances. Imagina si el Real Madrid fuera desclasificado por ganar al Barça de una manera poco elegante. O si determinado jugador de golf ganara un golpe extra por ejecutar un swing estéticamente perfecto.
La clave de nuestro debate es descubrir si es realmente importante buscar la estética en la ejecución como medio de mejorar la performance.
Un posible cambio sería básicamente observar en los ejemplos vivos lo que mejor funciona, lo que en la práctica rinde mejor, y así clasificar los acciones y movimientos dentro de una escala que evaluase su estética en comparación con el resultado obtenido. Pero enfretaríamos otra vez el problema del concepto bello que es subjetivo y relativo, lo que considero hermoso puede que otro no lo considere de la misma forma.
Si volvemos al concepto de la aerodinámica, o la hidrodinámica observando las formas de los pájaros y de los peces notamos una relación directa entre su estética y su performance en su medio natural. Por ejemplo, cuando vemos a un delfín deslizándose y saltando en el agua es fácil entender como su estética se refleja en su forma ágil de moverse. Eso nos podrá servir de inspiración en el momento de proyectar algo que vuele o navegue, como un barco por ejemplo, o por lo menos serviría como punto de partida para tal proyecto. Un nadador de élite podría incluso aprender de ellos cómo mejorar su técnica. Porque los animales son el resultado de millares de años de evolución basada en la adaptación al medio en búsqueda de optimizar su supervivencia. Por lo tanto, su estética y estilo de movimiento son justamente aquello que les hizo triunfar en su lucha.

La naturaleza es sabia, pero el ser humano en su manía de grandeza insiste en intentar reinventar la rueda.
Como resultado de una observación directa sobre la realidad llegamos a la inevitable conclusión de que casos como el de Jon Rahm o Ashleigh Barty son excepciones a la regla. Tanto los animales en la naturaleza como los swings más estéticos nos indican que sí, hay una relación directa entre belleza y efectividad. Pero no necesariamente todos los vencedores serán bellos.

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