¿Cuál es el propósito de ganar las mini batallas aunque se pierda la guerra?
Qué buenas son las mini remontadas, ¿verdad? Cuando en el tenis empiezas con una doble falta sirviendo y aún así ganas el juego. O en el golf, cuando después de un bogey haces un birdie en el hoyo siguiente. En fútbol, cuando el adversario te mete un gol y en menos de tres minutos lo devuelves igualando el partido. O cualquier otra mini remontada en cualquier deporte, donde consigues recuperar una desventaja dando la vuelta en el marcador.
Es siempre un desafío encontrar fuerzas para salir de una situación poco favorable y cambiar las sensaciones a tu favor cuando tu oponente intenta aprovecharse de tu momento de debilidad. Por detrás de cada mini remontada hay un gran mérito, incluso cuando no se traduce en la remontada total. Me refiero cuando ocurre una o varias mini remontadas pero el resultado final es poco favorable o acaba en una derrota. ¿Será que el deportista está apreciando el valor que se merece sus pequeñas remontadas?
El otro día Alcaraz hizo una doble mini remontada ganando un juego y luego un set cuando iba bien por detrás en el marcador. Para lograr esta reacción tuvo que realizar un trabajo de actitud y contar con un buen mindset lógicamente. Desarrolló una serie de habilidades en su configuración mental y una forma específica de ver la realidad que le permitió tal remontada. Por ejemplo, la capacidad de superar una situación adversa, de ser resiliente, de lidiar con la frustración, de tener esperanzas, de aceptar sus errores, de comprender a su lado humano y que a lo mejor no está en un buen día. Se trata de una mentalidad abierta pero dispuesta. Preparada para luchar aunque la tormenta esté golpeando fuerte y estés a punto de naufragar emocionalmente. Una adaptación para sobrevivir. Y cuando hablamos de supervivencia la clave nunca es la fuerza, sino la capacidad de adaptarse a las condiciones actuales.https://thimassi.com/adaptacion/

Como la vida a menudo nos sorprende con sucesos que van en contra de aquello que suponíamos o esperábamos, Alcaraz no esperaba que Zverev empezara el partido tan agresivo y jugando un tenis que rozó a la perfección. Entretanto Carlos fue capaz de recordar algo que ya sabía de antemano: la realidad actual nunca es definitiva, se puede cambiarla, incluso en un corto lapso de tiempo de un partido. Y también sabía que cada encuentro suele estar constituido de diferentes momentos o situaciones. Es interesante observar que cuando somos protagonistas podemos inclinar la balanza hacia nuestro lado o aprovechar las oportunidades que surgen porque estamos ahí.
Sin embargo, momentos de gran valor como estos se olvidan con el tiempo, pues no quedan registrados en los anales de la historia. Sumamos a ello el hecho de que nuestra memoria es bastante limitada, y solemos acordarnos solo de quien ganó el partido. Con el pasar del tiempo tenemos presente el campeón, y eventualmente el subcampeón de los torneos. Infelizmente todas estas pequeñas remontadas dentro de cada partido, como la del tenista español, por más espectacular que sean, se pierden en la memoria de casi todos los espectadores. Solo nos acordamos si él hubiese ganado el partido, como fue el caso, dejamos de mencionarlo.
¿Cuál es el valor intrínseco del esfuerzo para aquel que ganó una batalla pero perdió la guerra?
La respuesta a esta pregunta me parece un tema bastante personal. Porque habrá los que digan: Bueno no ha servido de nada la mini remontada ya que perdió el partido. No obstante, todas estas mini remontadas dentro de un partido dejan una huella positiva en la mente de quien las logró. Pues en cada una de estas batallas fueron necesarios un conjunto de cualidades internas que demuestran una vigorosa fortaleza interior. Espero que Alcaraz y otros jugadores, al revisar sus partidos en su memoria, sean capaces de dar el merecido valor a la lucha que desplegaron frente a la adversidad. Y que así se sientan orgullosos de todas sus minis remontadas también en los partidos que salieron derrotados.
Cuando hablo de fútbol con aficionados es habitual citar al jugador brasileño más famoso, Edison Arantes do Nascimento, el Pelé. Me gusta destacar un punto de vista curioso sobre aquél que es considerado por muchos como el mejor de todos los tiempos. ¿Sabías que los goles más bonitos de Pelé fueron aquellos en los que el balón no llegó a entrar? Tales jugadas fueron tan espectaculares al punto de encontrarnos con mayor frecuencia videos de los goles donde el balón casi entró que los goles donde el balón entra.
En 1982 cuando el equipo brasileño se enfrentó a Italia en la semifinal de la Copa del Mundo ambas selecciones desplegaron un fútbol de altísimo nivel. Sócrates, el mediocampista brasileño, aunque salió derrotado, lo definió como el mejor partido de la selección brasileña en aquella temporada y de su vida. Sensación que también confirmaron algunos de los jugadores italianos. Sin dudas fue un encuentro emocionante con muchas mini remontadas de ambos lados. Para el genial Sócrates más importó la calidad del duelo que quien acabó ganado.

Por otro lado están las mini remontadas que se transforman en grandes remontadas. ¿Cuántos partidos de fútbol se han decidido con un gol en los últimos minutos, cuántos partidos no ha dado la vuelta al marcador Rafael Nadal, cuantos jugadores de tenis remontaron partidos después de salvar pelotas de partido en contra, cuantos jugadores de golf ganaron torneos empezando con bogey o doble bogey en el hoyo 1? Todos esos cambios de guión han empezado con una mini remontada en algún momento.
Al mirar cada partido detalladamente podremos descubrir la presencia de numerosas mini remontadas. Cada encuentro está constituido de errores y aciertos, de bajones y subidones, de mala y buena fortuna, de puntos ganados y perdidos. Esta naturaleza cambiante y hasta cierto punto caótica nos revela la necesidad de una característica fundamental a los buenos deportistas, la actitud de lucha constante. Como todo puede cambiar en un parpadeo de ojos la mejor actitud es seguir concentrado, intentando hacer su mejor, sin desanimar, con esperanza, hasta el último instante. Un jugador fuerte emocionalmente debe aceptar que cada vez que juegue producirá aciertos y fallos. Y acordarse que los demás también podrán equivocarse.
Para forjar el espíritu de lucha nada mejor que estos instantes de verse por debajo y luchar para cambiar la realidad.
Ser capaz de hacer una buena jugada después de ser machacado por el oponente, quebrar el saque del otro después que este quebró el tuyo, marcar un gol después de haber recibido uno, etc. Hablamos de cómo lidiar con el dolor al fallo, con la posibilidad que te equivocas, de que estás lejos de ser perfecto, y de cómo acepta los pequeños fracasos que ocurren dentro de un partido o una competición.
Jon Rahm en una entrevista dice que el golf es un deporte de fallos. Él explica así: “Aquel que consiga fallar mejor será el vencedor”. Lo que Jon probablemente también lo sabe aunque no mencionó es que el golf es sobre todo el juego de quien se recupera mejor mentalmente de sus fallos. Un trabajo de aceptación, de humanización, de fé en la remontada, y obviamente de mantener la actitud de lucha sin desesperarse.
Analizando más profundamente la actitud luchadora presente en cada remontada es posible percibir algo extra en la mentalidad de esos jugadores, el creer. Para que sea posible ejecutar la vuelta al marcador parten de un principio fundamental que es: creen en su posibilidad. Porque cuando no lo crees, aunque externamente parece que estás intentando, inconscientemente ya te entregaste a la derrota, ya has desistido. Creer en la posibilidad de remontada empieza por creer que eres capaz de obrarla tú, o sea, creer en sí mismo.

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